miércoles, 28 de enero de 2009

¿Viveza criolla? (2)

Ordenando papeles, encontré este artículo que salió en el Diario Perfil el 17/05/98 y me parece que lamentablemente nunca pierde actualidad:

"Los carritos del supermercado me ponen furioso"

Usted dirá que hay cosas mucho más importantes de las cuales ocuparse y estoy seguro de que tiene razón. Pero a mí me obsesionan los carritos del supermercado. O, mejor dicho, el modo en que la gente los usa. Comienzo a circular con mi carrito e invariablemente tropiezo con otro que está atravesado en el pasillo mientras su dueño ocasional analiza precios relativos o se ha ido a buscar algo a otra góndola. Peor todavía, me encuentro después con una tropilla de carritos que bloquea por completo el acceso a un corredor mientras un par de señoras que hace tanto que no se veían actualizan informaciones.

Yo ya le expliqué que para mí no se trata de un asunto menor. Y entonces me enojo muchísimo, lo vivo como una afrenta insoportable a mis derechos, como una agresión que no tengo por qué tolerar. Y ahí viene, casi invariablemente, lo más complicado y también, en última instancia, lo más grave. Porque cuando en el colmo de la irritación lanzo un cavernoso "¡Permiso!", suelen devolverme una sonrisa amable, generalmente unida a un pedido de disculpas. ¡No me puedo tolerar! ¡Tampoco esta vez puedo dar salida al discurso contra el egoísmo y la desconsideración que he ido enriqueciendo en tantos choques contra tantos carritos en tantos supermercados!

Fíjese usted: me callo y sigo mi camino y hasta acabo retornando el gesto cortés, cuando en realidad, como le decía, lo más grave del episodio reside justamente en el modo en que termina. Es que si el otro o la otra fuera un ser violento o pendenciero uno podría atribuir su conducta a una desviación puramente individual y lo único llamativo sería que un conjunto tan alto de especímenes así eligiese concentrarse en los supermercados. Pero resulta que se trata de gente normal, correcta, tranquila, afable; y, entonces, su manejo del carrito se convierte en todo un síntoma de nuestra cultura urbana. Dejaron el carrito en cualquier parte para hacer lo que tuvieron ganas de hacer sin proponerse molestar a nadie; simplemente no se les ocurrió pensar en el prójimo porque la preocupación por los demás no está inscripta en la lógica de sus comportamientos habituales.

Por eso tampoco es necesariamente una mala persona el tipo que estaciona en doble fila en una calle angosta y perjudica a su antojo la circulación de decenas de conductores que vienen detrás. O el que acelera desde la media cuadra para sumarse al pelotón de autos que cruzan la bocacalle mientras hay otros que hace rato que están esperando para pasar. O el que viene manejando por la derecha y recién cuando llega a la esquina decide girar a la izquierda, complicándole peligrosamente la vida al resto.

No dudo que la mayoría tal vez sea gente buena; pero padece de una forma típicamente argentina de presbicia moral que le hace mucho más fácil distinguir los objetos lejanos que ver al prójimo. Seguramente, muchos de ellos se interesan por la política y tienen posiciones tomadas acerca de las grandes cuestiones que afectan al país. Pero éste es el problema; poseen (si la poseen) una conciencia cívica parcial que los lleva a sentirse obligados hacia el Estado pero no hacia el vecino. Las que consideran sus responsabilidades políticas sólo son, digamos, de índole vertical y no horizontal. Por eso pueden pasear por el barrio discutiendo las formas que asume la crisis contemporánea de la solidaridad mientras sus perros van ensuciando la vereda.

¿Cómo se explica el fenómeno? Estoy convencido (claro, una vez que devuelvo el carrito y que se me pasa la furia) de que se trata de un producto histórico bastante complejo. Y eso no porque, como decía Borges, seamos un pueblo que eligió libremente la viveza del Martín Fierro antes que la inteligencia del Facundo sino porque hubo una larga tradición autoritaria que nos fue impuesta a hacha y tiza y que no nos dejó muchas alternativas. La viveza es un modo de adaptación a un contexto hostil, marcado por demasiados años de inestabilidad y de violaciones a la ley. Si "el que no afana es un gil", ¿cómo tener confianza en el otro? ¿Por qué imaginar que la actitud cooperativa que yo adopte va a ser correspondida? Y si no puedo esperar reciprocidad, ¿para qué tomarme molestias y preocuparme por el bienestar de los demás en vez de hacer lo que más me conviene a mí, como doy por sentado que es la norma?
Lo peor del caso es que cuando estas pautas de comportamiento se vuelven crónicas, refuerzan naturalmente las propias tendencias autoritarias que les dieron origen y que las realimentan. Quiero decir: o la vida en sociedad tiene un alto componente de relaciones horizontales de participación, de cooperación y de confianza que la tornan posible y más o menos armoniosa; o, a falta de ese componente, el orden debe ser asegurado desde arriba, por esos lazos verticales que fomentan la presbicia de la que hablaba. Y esto, que ya es malo en sí para cualquier sistema democrático, se agrava todavía más cuando, cada vez que uno mira hacia arriba, lo que ve es oportunismo, arbitrariedad y corrupción.
Por eso, si me llego a enojar con usted en un supermercado, por favor no lo tome a mal. En realidad, mi carrito y yo no nos estaremos peleando con usted sino con una historia.
* José Nun, Politólogo argentino.

2 comentarios:

  1. Gustavo, excelente artículo. Escuché alguna vez: "prójimo" es el "próximo", "el que tenés al lado", y creo que es al que más nos cuesta reconocer y respetar. Tal vez porque nos resulta más fácil amar a la humanidad que soportar a la gente (¿era de Mafalda?). Recordé un post en el blog "A la intemperie", de algo que me pasó:
    http://silvinacarraud.blogspot.com/2008/11/bronca-que-tambin-es-esperanza.html
    Gracias!, te mando un cordial saludo entrerriano.
    Silvina

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  2. La humanidad evoluciona o involuciona????

    Hace rato que vamos para atrás... cuando termine de escribir una nota (impulsada por una indignación que no puedo controlar), podremos debatir acerca de la pregunta que hice al principio.. Te digo el tema que me llevó a escribir.. "Cumbio" escribió un libro. Sin comentarios.

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Gracias por pasar.
Gustavo